domingo, 1 de enero de 2006

SOLEMNE Y PIADOSO VÍA CRUCIS AL SEÑOR DE LA SALUD

SOLEMNE Y PIADOSO VÍA+CRUCIS EN HONOR AL SEÑOR DE LA SALUD
(+ D. Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria - Cáceres)

(Dedicado especialmente el primer sábado de Cuaresma)


V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.

Introdución:

El Vía Crucis es el camino de la cruz. Es saber que en el seguimiento de Cristo, tarde o temprano nos conduce como camino obligatorio a recorrer el camino de la cruz. Lo mismo que cuando nos hacemos una herida acude la sangre, cuando seguimos al Señor siempre compartimos la Cruz. A veces esa cruz es una cruz sin brillo, tosca, de palo, vulgar: son las más difíciles de llevar. Parece que nadie se percata de nuestro sufrimiento. Entonces solo mirando al Señor de la Salud nos confortamos en medio de tanto sufrimiento.
Este es una Vía Crucis sencillo, pero a la vez deseo que sea profundo y servicio a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Estrella y a todos los cofrades, así como al Convento franciscano de Santo Domingo y a todo Cáceres, que recorre el camino de la cruz que no se acaba en la tarde del Viernes Santo, sino que la última estación de nuestra vida es que Cristo vive para siempre. La última palabra no la tiene ni la cruz, ni la muerte, ni el llanto, ni el dolor, sino la alegría del gozo Pascual, de Cristo Resucitado, pues como dice la Secuencia del Domingo de Pascua: “Resucitó de veras mi amor y mi esperanza”. Ésta es nuestra Salud.


1ª ESTACIÓN:
 JESÚS CONDENADO A MUERTE

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Volvió a salir Pilato y les dijo: “Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él”. Salió entonces Jesús llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo “Aquí tenéis al hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo…! Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios”…Pilato hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal. Dice Pilato a los judíos: “Aquí tenéis a vuestro rey”… Replicaron los sumos sacerdotes: “¡No tenemos más rey que el César!”. Entonces se los entregó para que fuera crucificado. (Juan 19, 4…16).

Condenado a muerte es toda persona injustamente maltratada. Son todos los que están despojados de salud y viven en enfermedad.
Déjame vivir en Ti. Ayúdame a vivir amando cuando alguien me haga sufrir. No me dejes caer en la tentación del desaliento y del cansancio.
Cristo da la salud al Buen Ladrón, a todo condenado a muerte. Él da la vida por nuestra salvación, nos da la salud del cuerpo y del alma. Nos llevará a vivir con “los sentimientos de su corazón” que es gozo desbordante de nuestra existencia.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


2ª ESTACIÓN:
 JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Tomaron entonces a Jesús quien, tomando él mismo su cruz, salió de la ciudad para ir al lugar dicho la calavera, en hebreo Gólgota. (Juan 19, 16).
“Ahora eran nuestros sufrimientos lo que soportaba y nuestros dolores por los que estaba agobiado…atravesando a causa de nuestros pecados, aplastado a causa de nuestros crímenes. El castigo que nos devuelve la paz cae sobre él y es gracias a sus llagas que hemos sido sanados”. (Isaías 53, 4-5).
Decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero aquél que pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lucas 9, 23-24).

Toma la cruz de la falta de salud, toma la cruz de la depresión, de la angustia. Sólo amándote a Ti, Señor de la Salud, nuestra vida cambia y podemos llevar con paciencia la cruz de cada día. Que descubra que solo aceptando lo que no puedo cambiar mi vida se transforme en fuente de paz y alegría.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.

3ª ESTACIÓN:
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Ha llegado la hora de que sea glorificado el hijo del hombre. “En verdad os digo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde y el que odia su vida en este mundo la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, libérame de esta hora! Pero es para esto que he llegado a esta hora. ¡Padre, glorifica tu nombre! (Juan 12, 23-28).

Las caídas forman parte del camino del seguimiento de Cristo. Santo no es el que nunca cayó sino el que siempre se levantó. Solo en la medida en que miramos a Cristo caído, al Señor de la Salud por los suelos, recuperamos la esperanza en todas nuestras caídas. Es imposible que mirando a este Cristo de rostro sereno no encontremos la fuente de la esperanza, incluso en nuestras caídas.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.

4ª ESTACIÓN:
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Simeón dijo a María: “Éste está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”. (Lucas 2, 34-35).
“Su madre conservaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón”. (Lucas 2, 51).

Su madre estaba allí, como está siempre en nuestra vida suscitando esperanza en medio del dolor. María es “salud de los enfermos”. Ella, Estrella que nos lleva a encontrarnos con el Señor de la Salud que camina hacia el calvario para devolvernos la verdadera salud, es decir, la salvación que hemos perdido por el pecado. Ella cura la mayor de las enfermedades, el egoísmo que me impide confiar en medio de los sufrimientos.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


5ª ESTACIÓN:

EL CIRINEO AYUDA A LLEVAR LA CRUZ

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando llevaban a Jesús, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús”. (Lucas 23, 26).

Cirineo es siempre el que nos ayuda en el camino de la cruz. El gran Cirineo de nuestra vida es el Señor de la Salud que siempre está ahí, siempre nos espera para confortarnos en todos nuestros sufrimientos. También tenemos que ser nosotros Cirineos y ayudar a otros a llevar la cruz diaria y pesada de cada día. Cuando vivimos como hermanos y nos queremos, son más llevaderas las dificultades y cruces del camino.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


6ª ESTACIÓN:
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DEL SEÑOR

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“Así como se asombraron de él muchos pues tan desfigurado aspecto tenía –ya no tenía apariencia humana- igualmente muchas naciones se asombrarán; ante él cerrarán la boca los reyes, pues verán algo que nunca se les contó… Sin gracia ni belleza para atraer la mirada, sin aspecto digno de complacencia. Despreciado, desecho de la humanidad, hombre de dolores, avezado al sufrimiento…Ahora eran nuestros sufrimientos los que soportaba y nuestros dolores los que lo agobiaban”. (Isaías 52, 14-15 y 53, 2-4).

Verónica es siempre la persona que enjuga nuestros rostros heridos. Como el Señor de la Salud, la Verónica es siempre presencia y cercanía en los momentos difíciles. En la Eucaristía encontramos la presencia viva de Jesús de la Salud, que nos hace descubrir la salud y la vida. Sin la Eucaristía no podemos vivir, ya que su amor es mucho más grande que el pecado y la muerte. La imagen que quedó impresa en el pañuelo de la Verónica nos recuerda las distintas presencias de Cristo, sobre todo en la Eucaristía y en los pobres.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


7ª ESTACIÓN:
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús les dijo: “todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán sus ovejas. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea”. Pedro le dijo: “Aunque todos se escandalicen, yo no”. Jesús le responde: “En verdad te digo, que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres”. Pero él insistía: “Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré”. Y todos decían lo mismo. (Marcos 14, 27-31).

Las caídas no son solo accidentes que sufre Jesús sino que son la elección de su corazón para estar a la altura y cercano a los que sufren. Esta caída nos recuerda que el Señor de la Salud, lleno de Misericordia nos ayuda a levantarnos siempre con esperanza. Es saber que cuando caemos recuperamos la salud, cuando nos arrepentimos y recibimos el Sacramento de la Penitencia.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


8ª ESTACIÓN:
JESÚS CONSUELA A LAS SANTAS MUJERES

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban de él. Jesús volviéndose hacia ellas les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: “¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no amamantaron! Entonces se podrán decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿Qué se hará?”. (Lucas 23, 27-31).

El Señor de la Salud siempre nos consuela. Es muy humano y muy cristiano buscar el verdadero consuelo en las personas que nos quieren, en los amigos. Sabiendo que el que nos consuela siempre es el Señor de la Salud, que remedia sobre todo la enfermedad del egoísmo que no nos deja vivir en paz. Tenemos que buscar el verdadero consuelo que nos debe llevar a entregar la vida por amor y no quedarnos en lamentaciones.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


9ª ESTACIÓN:
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ


Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“¡Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz! Pero no se haga como yo quiero sino como quieras tú”. Y dice a Pedro: “¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo? Vigilad y orad para que no caigáis en tentación: el espíritu está pronto pero la carne es débil”. Y alejándose de nuevo por segunda vez oró así: “¡Padre, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad!”. Volvió otra vez y los encontró dormidos… Los dejó y se fue a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras”. (Mateo 26, 39-44).

Cae por tercera vez. Jesús nos dice que tenemos que poner los ojos en todos los caídos y los que sufren. Los preferidos del Señor de la Salud son los sufrientes, los caídos, los que no tienen salud ni esperanza, los que solo en el Señor pueden encontrar su refugio.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


10ª ESTACIÓN:
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Los soldados tomaron sus vestiduras e hicieron cuatro partes, una para cada soldado y la túnica. La túnica era sin costura tejida de una sola pieza de arriba abajo; Por eso se dijeron: “no la rompamos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca”. Así se cumplía la escritura: se han repartido mis vestidos, han echado a suerte mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados. (Juan 19, 23-24).

Cuando la vida nos despoja de la salud, que es el mayor bien que desea toda persona, solemos entrar en crisis, nos rebotamos contra Dios ¿Por qué? Cristo despojado de sus vestiduras nos recuerda que al ser despojados de la salud, de todo, el Señor de la Salud es nuestra fuerza y esperanza. 
Señor, que me falte todo menos tu amor.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


11ª ESTACIÓN:
JESÚS ES CRUCIFICADO

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“Condujeron a Jesús al lugar llamado Gólgota. Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó. Lo crucifican… Era la hora tercia… Estaba puesta la causa de su condena: “El rey de los Judíos”. Con él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda”. (Marcos 15, 23-27).

Vivir crucificados es la realidad de la mayoría de la gente de todos los tiempos. El Señor de la Salud sufriendo con su mirada dulce nos recuerda que detrás de la noche viene galopando la aurora y que siempre podemos acudir a quien tiene abierto el corazón. 
Señor, que cuando la vida me crucifique aprenda a vivir con un corazón “manso y humilde”.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.

12ª ESTACIÓN:
JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

“Junto a la cruz estaba su Madre, la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo que amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego le dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la escritura dice: “Tengo sed”… Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús tomó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (Juan 19, 25-30).

El Señor de la Salud tiene los ojos abiertos mirando al Padre. Al morir nos deja el secreto de su corazón, nuestra salud, la que cura todas las heridas, su infinita misericordia a la que siempre podemos acudir. Él nos dice que con Él nuestra vida siempre tiene salida cuando confiamos. Que se lo pregunten al Buen Ladrón, a la Samaritana, a Zaqueo, a la Magdalena. 
Señor, que al morir a todos los problemas de la vida me ayude, como Tú, a tener siempre abierto el corazón.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


13ª ESTACIÓN:

JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE, LA VIRGEN

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús les respondió: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. (Juan 12, 23-26).

Al Señor de la Salud siempre lo encontramos en los brazos de su Madre. Te pedimos, Jesús de la Salud, morir como Tú en brazos del Padre y ser colocados en los brazos de tu Madre y Madre nuestra, para vivir con la eterna salud de la salvación. 
Madre de Dios y Estrella nuestra, que ningún sufrimiento amargue mi vida.

Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


14ª ESTACIÓN:

JESÚS ES SEPULTADO

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.


Había un huerto cerca del sitio donde fue crucificado Jesús, y en él un sepulcro nuevo, en el cual aún nadie había sido enterrado y pusieron allí a Jesús. (Juan 19, 41- 42).

Si el grano de trigo no muere no da fruto, había dichoJesús. No nos acabamos de creer que para vivir hay que morir. Creemos que la última palabra la tiene el dolor, el pecado, la enfermedad, la muerte y sin embargo podemos decir que la última palabra la tiene la vida, la salud que nos trae Cristo que es la salvación y que es más fuerte que el pecado, el dolor y la muerte. Señor de la Salud, sé Tú nuestra victoria y nuestro triunfo en todos los instantes de nuestra vida.


Medítese el momento de la Pasión.
Padrenuestro.


15ª ESTACIÓN:

JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

Al principio de cada estación:
V.-Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día””. Y las mujeres recordaron sus palabras.

El Señor de la Salud es un Cristo Vivo. No es un Cristo muerto. Está sentenciado, pero no derrotado. Lo han maniatado, pero no pueden impedirle que nos bendiga con su Corazón abierto. Está lleno de salud y de vida aunque tenga que pasar por la muerte. Él vive para siempre y es nuestra salud y nuestra esperanza. 
Si el Señor nos demuestra que nos ama muriendo, todavía nos demuestra más que nos ama viviendo por nosotros y “por nuestra salvación”.

Medítese el momento de la Resurrección.
Padrenuestro.

Reflexión final:

El Vía-Crucis, es el camino de la cruz recorrido con fe, con una fe, a veces débil, pero que está ahí, aunque es duro este camino, pero como decía Santa Teresa con tan buen amigo todo se puede sufrir. El tremendo camino de la cruz, el que se vive sin ninguna esperanza es el de aquellos que dicen no creer, es un camino que es insoportable y sobre todo que tiene muy difícil solución. Sin Fe la cruz es el final de la vida. Para todos aquellos que viven en la oscuridad, que dicen no creer Jesús ha gritado en la cruz: “Dios mío, Díos mío, ¿por qué me has abandonado?”. Esto lo ha dicho unido a todos los que recorren el camino de la cruz aparentemente solos y sin ninguna esperanza: los ateos, los agnósticos, los que viven en continua crisis de Fe.

Nosotros, ante el Señor de la Salud, los recordamos y pedimos por ellos. A lo mejor algunas de estas personas son de nuestra familia, son amigos, son gentes muy queridas que nunca están ni estarán lejos de nuestro corazón.
Por ellos en este Vía-Crucis del Señor de la Salud pedimos y los llevamos en el corazón.

Oración final:


V. Nuestro Padre Jesús de la Salud, que desde lo más profundo de tu Corazón, intercedes al Padre por todos nosotros, para que “seamos santos e irreprochables en el Amor”.
Te pedimos por la humanidad, por la ciudad de Cáceres y sus habitantes, ayúdanos a transformar la vida por nuestra Diócesis, de saber que Tú eres nuestra Salud desde el sufrimiento con la esperanza cierta
R. Amén.